domingo, 13 de junio de 2010

procesos de evaluaciòn en preescolar

PROGRAMA DE EVALUACIÓN DEL PREESCOLAR

I.- FUNDAMENTACIÓN:
La evaluación como elemento integrante e integrador del proceso educativo se constituye en un elemento que involucra la obtención de criterios necesarios para encaminar y reorientar mediante acciones efectivas los procesos de enseñanza y aprendizaje. La evaluación permite establecer los niveles de calidad de la educación y hasta del compromiso en el acto educativo tienen sus agentes; debe aplicarse a partir de las diferencias individuales y del contexto; en el nivel preescolar, implica claridad en cuanto a lo que es evaluación, sus características, propósitos y períodos, sumado a un manejo adecuado de técnicas e instrumentos que permitan captar y describir el proceso de desarrollo integral del niño y las variables contextuales incidentes en el acto educativo, a fin de tomar decisiones responsables sobre la base de datos confiables y válidos.
El Programa de Evaluación de Preescolar tiene como propósito capacitar al estudiante en los aspectos teóricos y prácticos de la evaluación, promoviendo una perspectiva que de sentido a los instrumentos ya utilizados en semestres anteriores (diagnóstica, registro de observadores) y ejercitando la utilización de instrumentos adicionales específicos a las áreas de desarrollo del niño, lenguaje, cognoscitiva y psicomotora, como también otros instrumentos generales de registro como ficha de cotejo, escala de calificación, registro acumulativo y boletín informativo a los padres

II.- OBJETIVOS GENERALES:
A lo largo del curso el estudiante ejercitará la capacidad de:
1. Identificar los principios y las funciones de la evaluación en general y en el nivel preescolar
2. Evaluar el desarrollo de los niños en el nivel preescolar mediante pautas evolutivas y los procedimientos, técnicas e instrumentos acordes.
3. Evaluar la calidad de los programas de educación preescolar mediante los procedimientos adecuados.

III.- CONTENIDOS:
Unidad I. Nociones generales de evaluación
Objetivos específicos:
- Establecer relación entre las corrientes educativas y concepción de evaluación
- Identificar el concepto de evaluación en un enfoque constructivista
- Distinguir entre evaluación y medición
- Señalar los principios generales y las funciones de la evaluación.

CONTENIDOS:
El modelo pedagógica tradicional, conductista, constructivista, social-cognitivo y la concepción y criterios de evaluación. Evaluación y medición, diferencias. Principios generales de la evaluación. Fases de la evaluación.

UNIDAD 2. LA EVALUACIÓN EN EL NIVEL PREESCOLAR
Objetivos Específicos:
- Conocer los criterios y parámetros de evaluación en el nivel preescolar.
- Enumerar los objetivos de la evaluación en el nivel preescolar.
- Distinguir entre la evaluación Formativa y Sumativa.
- Identificar los criterios de la evaluación
- Aplicar los elementos de un plan de evaluación.
CONTENIDO:
Los objetivos de la evaluación en el nivel preescolar. Criterios y parámetros de evaluación en el nivel preescolar. Fundones y tipos de evaluación: diagnóstica, formativa y sumativa. La evaluación en los diferentes períodos del año escolar: exploración inicial, período de adaptación, período de desarrollo y período final o de culminación. Elementos de un plan de evaluación.

UNIDAD 3. ASPECTOS A EVALUAR EN EL NIVEL PREESCOLAR .
Objetivos específicos:
- Clarificar las pautas evolutivas del ni 00 de O a 6 años.
- Identificar los aspectos más significativos en cada área del desarrollo infantil: física, psicomotora, lenguaje, cognoscitiva y socio-emocional.
- Identificar los aspectos significativos de la calidad de un programa de atención a niños en edad preescolar .
CONTENIDO:
Pautas evolutivas de los niños de 0-6 años. Conductas esperadas por área de desarrollo y edad. Trastornos a detectar en el área física, psicomotora, lenguaje, cognoscitiva y socioemocional. Evaluación de la calidad de programas de atención a niños en edad preescolar. Instrumentos para evaluar la calidad de Programas de atención a niños en edad preescolar.

UNIDAD 4. TÉCNICAS E INSTRUMENTOS DE EVALUACIÓN EN PREESCOLAR
Objetivos específicos:
- Conocer las técnicas e instrumentos de evaluación más adecuados para el nivel preescolar.
- Comprender los requisitos de un instrumento de evaluación.
- Aplicar técnicas y procedimientos de evaluación.
- Evaluar el nivel de desarrollo de un grupo de niños en edad preescolar mediante instrumentos.
- Evaluar la calidad de un programa de atención a niños en edad preescolar mediante los instrumentos adecuados .
CONTENIDOS:
Técnicas de observación y de entrevista. Instrumentos de evaluación del desarrollo de los niños en el nivel preescolar: registro descriptivo, registro anecdótico, ficha de cotejo, escala de calificación, hoja de observación, pruebas infantiles y tests, registro acumulativo, portafolios y boletín informativo.
Parcial I 25%
Ejercicios 10%
Informe I 20%
Informe II 20%
Informe III 25%






LA EVALUACIÓN

a) Finalidades y funciones de la evaluación
La evaluación del aprendizaje es un proceso que consiste en comparar o valorar lo que los niños conocen y saben hacer, sus competencias, respecto a su situación al comenzar un ciclo escolar, un periodo de trabajo o una secuencia de actividades, y respecto a las metas o propósitos establecidos en el programa educativo de cada nivel; esta valoración –emisión de un juicio– se basa en la información que la educadora recoge, organiza e interpreta en diversos momentos del trabajo diario y a lo largo de un ciclo escolar.
En la educación preescolar la evaluación tiene tres finalidades principales, estrechamente relacionadas:
•Constatar los aprendizajes de los alumnos y las alumnas sus logros y las dificultades que manifiestan para alcanzar las competencias señaladas en el conjunto de los campos formativos como uno de los criterios para diseñar actividades adecuadas a sus características, situación y necesidades de aprendizaje.•Identificar los factores que influyen o afectan el aprendizaje de los alumnos y las alumnas, incluyendo la práctica docente y las condiciones en que ocurre el trabajo educativo, como base para valorar su pertinencia o su modificación.
•Mejorar con base en los datos anteriores la acción educativa de la escuela, la cual incluye el trabajo docente y otros aspectos del proceso escolar.
De este modo, la evaluación del aprendizaje constituye la base para que la educadora, sistemáticamente, tome decisiones y realice los cambios necesarios en la acción docente o en las condiciones del proceso escolar –en primer lugar, las del aula– que estén a su alcance.
A diferencia de otros niveles educativos (por ejemplo, la educación primaria o secundaria) donde la evaluación es la base para asignar calificaciones y decidir la acreditación de un grado escolar o la certificación del ciclo educativo, en la educación preescolar la evaluación tiene una función esencial y exclusivamente formativa, como medio para el mejoramiento del proceso educativo, y no para determinar si un alumno acredita un grado como condición para pasar al siguiente. En este sentido es importante destacar que el avance de los alumnos en los tres grados de la educación preescolar no tendrá como requisito una boleta de aprobación de un grado; la acreditación se obtendrá por el hecho de haberlo cursado, mediante la presentación de la constancia correspondiente.
Los registros de evaluación tendrán como una de sus finalidades contribuir a que la educadora del grado siguiente –inclusive el maestro de la escuela primaria que reciba a los egresados del Jardín de Niños– cuente con información para diseñar o planificar su trabajo en función de las características de sus nuevos alumnos.
Esta concepción de la evaluación es decir, el énfasis en su función formativa implica establecer prácticas que permitan centrar la atención en los procesos que siguen los niños durante el desarrollo de las actividades escolares, así como en la evolución del dominio de las competencias, y no sólo en sus logros al final del curso. Asimismo, implica superar una concepción que limita la evaluación a los aprendizajes de los alumnos y excluye otros factores que influyen en el proceso educativo; es necesario también diversificar los medios e instrumentos de evaluación y aprovechar plenamente la información obtenida en este proceso.
Las acciones de evaluación sólo tienen sentido si la información y las conclusiones obtenidas sirven de base para generar la reflexión de la educadora, modificar aquellos aspectos del proceso escolar que obstaculizan el logro de los propósitos educativos, fortalecer aquellos que lo favorecen, o diseñar y experimentar nuevas formas de trabajo si con las formas usuales no se han alcanzado los propósitos fundamentales previstos o deseables. Del mismo modo, los resultados de la evaluación deben ser uno de los elementos principales para la reflexión colectiva del personal docente en el Jardín de Niños y para la comunicación con las madres y los padres de familia.
b) ¿Qué evaluar?
El aprendizaje de los alumnos
La constatación periódica de los avances de cada niña y cada niño en relación con los propósitos fundamentales y las competencias incluidas en los campos formativos es el objetivo principal de la evaluación, pero ésta no se reduce a ello.
Los parámetros para evaluar el aprendizaje son las competencias establecidas en cada uno de los campos formativos, que constituyen la expresión concreta de los propósitos fundamenta­les; las acciones en las que estas competencias pueden manifestarse (incluidas en la columna contigüa a cada competencia) permiten precisar y también registrar los avances de los niños.
Ello significa que, para evaluar, la educadora debe no sólo considerar lo que observa que los niños pueden hacer y saben en un momento específico, sino tomar en cuenta los avances que van teniendo en el proceso educativo, cuando se les brinda cierto apoyo y mediante él consiguen nuevos logros.
Si bien los resultados de la evaluación del aprendizaje no informan directamente de otros factores escolares y extraescolares que, sin duda, influyen en los procesos que siguen los alumnos y en los resultados que obtienen, es decir, en el grado de dominio de las competencias, sí pueden ser la base para reflexionar sobre tales factores. De este modo, partiendo de la evaluación del aprendizaje, se convierten en objeto de evaluación otros factores y ámbitos. Para evaluar cada ámbito el referente principal lo constituyen –además de la reflexión sobre los resultados que arroje la evaluación– los principios pedagógicos, que son la base para la acción educativa en los Jardines de Niños y que se incluyen en el apartado correspondiente de este programa.
El proceso educativo en el grupo y la organización del aula
El aprendizaje es un logro individual, pero el proceso para aprender se realiza principalmente en relación con los demás; el funcionamiento del grupo escolar ejerce una influencia muy importante en el aprendizaje de cada niña y cada niño: las relaciones que se establecen entre ellos en el transcurso de la jornada y el papel que desempeña cada uno en el grupo, la forma de organización de las actividades (individuales, en pequeños grupos o colectivas) y las oportuni­dades de participación real con que cuentan, la influencia que la intervención de la educadora ejerce en el ambiente del aula y su interacción con los alumnos, las reglas de trabajo y relación, cons­tituyen un ambiente –un clima– que influye en las oportunidades de aprendizaje, por eso deben ser revisados como probable fuente de obstáculos o posibilidades para el mejoramiento del aprendizaje. De igual manera conviene revisar otro tipo de factores relativos a la organización del aula: el uso del tiempo, la organización de los espacios, la disposición y el aprovechamiento de los materiales de trabajo.
La práctica docente
La intervención educativa, como ya se ha señalado antes, desempeña un papel clave en el aprendizaje de los alumnos. En los hechos la educadora, con base en su formación, en tradiciones pedagógicas o en sus concepciones –explícitas o implícitas— acerca de lo que considera importante que los niños y las niñas aprendan, o respecto a cómo aprenden y, en consecuencia, a las actividades que deben realizar, toma muchas decisiones antes y durante la jornada escolar, que le imprimen características particulares al trabajo educativo. Además de ello, influyen en el trabajo las características personales, el estilo docente, y las formas de trato y de comunicación con los alumnos.
La intervención docente, según los rasgos que adopte, puede ser eficaz, retadora y estimulan­te para el aprendizaje o, en el extremo contrario, puede ser ineficaz, rutinaria y desalentadora. El mejoramiento del proceso y de los de resultados educativos requiere de la reflexión constante de la educadora para revisar críticamente sus decisiones respecto al proceso educativo, las formas en que promueve (o no) el trabajo de los niños y la cooperación entre ellos, así como las concep­ciones que sustentan su intervención en el aula.

Para guiar su reflexión la educadora puede preguntarse, por ejemplo: ¿a qué propósitos concedo mayor importancia en los hechos, es decir, qué tipo de actividades realizo con mayor frecuencia?, ¿qué estrategias o actividades han funcionado adecuadamente?, ¿qué acciones no han resultado eficaces?, ¿qué factores dificultan el logro de los propósitos fundamentales?, ¿se derivan éstos de las formas de trabajo que elijo o de mi desempeño docente?, ¿cuáles niñas o niños requieren mayor tiempo de atención u otro tipo de actividades?, ¿qué acciones puedo emprender para mejorar?, ¿aprovecho los recursos con que cuentan el aula y el plantel?
La organización y el funcionamiento de la escuela, incluyendo la relación con las familias de los alumnos
La formación de los niños no es sólo responsabilidad de la educadora, se trata de una tarea compartida entre el colectivo docente de la escuela. La experiencia escolar de los alumnos no transcurre sólo en el aula sino en el conjunto de los espacios escolares; en esos espacios conviven y también aprenden formas de relación, actitudes y valores. Por otra parte, la organiza­ción, el funcionamiento y las tradiciones escolares influyen también en el desempeño docente.
Por estas razones teniendo como referente los logros de aprendizaje y las dificultades que enfrentan los alumnos– es necesario revisar aspectos de la organización y del funcionamiento de la escuela que influyen en el proceso educativo: prioridades reales de la escuela, cumplimiento de las responsabilidades profesionales, relaciones entre el personal docente, ejercicio de la función directiva, uso del tiempo escolar, y la relación que se establece con las familias de los alumnos (formas de comunicación, tipo de acciones en que se les involucra, orientaciones que se les ofrecen, etcétera). En este rubro debe incluirse también la revisión periódica de las condiciones, la organización y los usos de los espacios escolares.
El análisis sistemático y periódico que el equipo docente, coordinado por la dirección de la escuela y la supervisión de zona, realice respecto al proceso y los resultados educativos, permite constatar los avances de cada grupo, identificar casos de niñas o niños que requieren atención específica, compartir experiencias exitosas, y valorar la eficacia de las estrategias docentes. Además, constituye un medio para transformar la gestión escolar mediante la toma de decisiones que lleven a fortalecer aquellas acciones que funcionan, suprimir o cambiar formas de tra­bajo que no son eficaces y diseñar nuevos tipos de acciones. Este conjunto de decisiones, basadas en la evaluación interna (en la cual la evaluación del aprendizaje es el punto de partida) y en la reflexión individual y colectiva, son las herramientas para integrar un plan de mejoramiento educativo en cada escuela.
c) ¿Quiénes evalúan?
El resultado del proceso de evaluación son los juicios que los agentes responsables de la misma emiten respecto a las distintas cuestiones que han sido revisadas. Si bien esos juicios se basan en el análisis y la interpretación de la información disponible, incluyen también la perspectiva personal, es decir, constituyen una interpretación subjetiva. Por ello es importante que en la evaluación del aprendizaje y de otros aspectos de la vida escolar se integre la opinión de los principales destinatarios del servicio educativo (niñas, niños, madres y padres de familia) y la de los colegas (docentes de otros grupos, de educación física, de música, especialistas de apoyo). Cada uno puede aportar puntos de vista desde el lugar que ocupa en el proceso; así las conclusiones obtenidas en la evaluación pueden ser más objetivas, más cercanas a la realidad.
La función de la educadora
Por el papel clave que ocupa en el proceso educativo, por su conocimiento de los alumnos, pro­ducto de su interacción constante con ellos y porque es quien diseña, organiza, coordina y da seguimiento a las actividades educativas en el grupo, es la educadora quien más se percata de su evolución en el dominio de las competencias, de las dificultades que enfrentan, y de sus posibilidades de aprendizaje. El registro de estas cuestiones, la recolección de evidencias, las notas sobre el desarrollo de las actividades al final de la jornada de trabajo o acerca de algunos niños constituyen la fuente de información para valorar, a lo largo de un perio­do escolar, cómo inició cada alumno y cómo ha evolucionado en sus aprendizajes, pero también para evaluar y mejorar continuamente el trabajo docente.
La participación de los niños en la evaluación
Las niñas y los niños pequeños reflexionan sobre sus propias capacidades y logros; lo hacen durante el proceso educativo, en los momentos y las situaciones en que experimentan sensaciones de éxito o cuando identifican dónde y en qué se equivocan; asimismo, se forman opiniones acerca de las actividades en que participan durante la jornada de trabajo.
Las valoraciones que hacen tanto de la intervención docente como sobre su propio aprendizaje se expresan en los momentos en que se realizan las actividades e inmediatamente al término de las mismas; es entonces cuando pueden hablar acerca de cómo se sintieron, qué les gustó o no, por qué pudieron o no realizarlas, qué se les dificultó, etcétera. Escuchar y tomar en cuenta sus apreciaciones es una manera de favorecer sus capacidades de expresión oral, argumentación y participación en el grupo, pero también de obtener información que dé lugar a la revisión de las formas de trabajo empleadas para identificar las adecuaciones necesarias.
La participación de los niños en la evaluación además de aportar información valiosa propicia que ellos, paulatinamente, tomen conciencia acerca de qué y cómo aprenden, lo cual es parte de las competencias a promover en la educación preescolar.
La participación de las madres y los padres de familia
El logro de los propósitos de la educación preescolar requiere de la colaboración entre la escuela y las madres y los padres de familia; una condición de la colaboración es la existencia de propósitos comunes, para lo cual es importante promover una intensa comunicación de la escuela con las familias respecto a los propósitos y tipos de actividades que se realizan en ella. Pero al mismo tiempo es necesario establecer la apertura para escuchar y atender las opiniones de las madres y los padres respecto al trabajo docente y la escuela. El proceso de evaluación es una oportunidad para favorecer la comunicación escuela-padres.
Escuchar las opiniones de los padres de familia sobre los avances que identifican en sus hijos, así como las opiniones que éstos externan en su casa respecto al trabajo que realizan con su maestra o sus impresiones a partir de lo que observan que sucede en el Jardín de Niños, es también fundamental para revisar las formas de funcionamiento de la escuela y el trabajo educativo en el aula. Su participación en los procesos de evaluación permitirá establecer acuerdos y principios de relación y colaboración, por ejemplo, en cuanto a ciertos ámbitos (afectivo y de relaciones interpersonales, comunicación, formas de expresión, entre otros) en los cuales los niños, (según el caso), requieren un soporte específico de la familia para continuar avanzando en la escuela.
La participación del personal directivo del centro o zona escolar
Entre las funciones centrales de las autoridades escolares (dirección de escuela o supervisión de zona) se encuentran: asegurar las condiciones para el desarrollo adecuado del trabajo educativo, coordinar el trabajo docente en torno a los propósitos fundamentales y promover la colaboración profesional. Por esta razón la dirección de la escuela y la supervisión de zona son también agentes de evaluación; por la propia naturaleza de su tarea les corresponde promover y coordinar la evaluación periódica del Jardín de Niños.
En la evaluación del centro escolar el referente principal es la misión de la educación preescolar. La base para que el personal directivo colabore en la evaluación es el conocimiento profundo de los propósitos del programa educativo, así como de sus implicaciones en el aprendizaje de los niños y en la práctica docente.
d) ¿Cuándo evaluar?
En este programa se centra el interés en las capacidades de los niños, en la variedad de formas en que estas capacidades se manifiestan y en los diversos niveles de dominio que de ellas pueden existir entre niñas o niños de una misma edad. Los avances que logran los alumnos en cada una de estas competencias se manifiestan al actuar en situaciones reales de la vida escolar o extraescolar; por esta razón es necesario subrayar que la evaluación del aprendizaje es continua: al observar su participación en las actividades, las relaciones que establecen con sus compañeros, al escuchar sus opiniones y propuestas, la educadora puede percatarse de logros, dificultades y necesidades de apoyo específico de los pequeños. Se aspira a que asuma una actitud de alerta constante hacia lo que pasa con los preescolares y su aprendizaje, lo que posibilitará la puesta en práctica de mejores estrategias y decisiones educativas.
Esta idea no excluye la necesidad de realizar una valoración más específica al cabo de ciertos periodos, en la cual se sintetice la información disponible acerca de los logros y las dificultades de cada alumno. En esos momentos quizá sea necesario realizar actividades específicas con algunos de ellos para disponer de más información. Con el fin de indagar cómo actúan en situaciones concretas y cómo resuelven los problemas que se les presentan, habrá que asegurarse de que comprendan las instrucciones y de que se sientan en confianza para lograrlo; la valoración de los logros destacará, sobre todo, los avances en relación con su situación anterior y no en función de criterios generales u homogéneos que pueden resultar arbitrarios.
Entre los momentos o periodos específicos de evaluación se encuentran la evaluación al principio del ciclo escolar y al final del mismo:
La evaluación o diagnóstico inicial, como ya se ha señalado antes, es el punto de partida para organizar el trabajo a lo largo del año escolar, establecer cierta secuencia para el tratamiento de las competencias y distinguir necesidades específicas de los alumnos, entre otras acciones; las orientaciones al respecto se apuntan en el apartado “La organización del trabajo docente durante el año escolar”.
Al final del año escolar es indispensable realizar un recuento acerca de los logros, los avances y las limitaciones en la formación de los pequeños, así como de las probables causas y situaciones que los generaron. Este balance posibilitará contar con información valiosa acerca de lo que saben, conocen, hacen y son los niños y las niñas al concluir un año de preescolar o el nivel educativo; asimismo aporta­rá información a la educadora del grado o nivel siguiente, para que ésta la aprove­che en las previsiones de trabajo para el ciclo escolar.
e) ¿Cómo recopilar y organizar la información?
La observación atenta de los alumnos y del trabajo que realizan, el diálogo con ellos y con los padres de familia, y la entrevista son los principales medios para obtener la información en que se basa la evaluación.
La principal fuente de información es el desarrollo de la jornada escolar; ello significa que mientras la educadora trabaja con los niños y, por tanto, se concentra en generar su interés, en atender a sus preguntas o argumentos, es cuando puede observar las manifestaciones de sus competencias, cuyo desarrollo es el objetivo de la educación preescolar. Estos hechos ocurren simultáneamente, y pueden dificultar el registro y la posterior organización de la información. Con el propósito de contribuir a facilitar esta tarea, a continuación se propone una serie de instrumentos agrupados en los siguientes rubros: el expediente personal del niño y el diario de la educadora.
El expediente personal del niño
Ante la necesidad de contar con información diversa y sustancial sobre el aprendizaje de los alumnos, se propone la integración de un expediente personal, en el cual la educadora reporte y reúna información valiosa acerca de cada niño y cada niña, evidencias de hechos importantes de su historia personal. Para responder a tal fin, el expediente contendrá los siguientes instrumen­tos: ficha de inscripción y fotocopia del acta de nacimiento; entrevistas con la madre, el padre o el tutor; notas acerca de los logros, los avances y las dificultades del proceso de aprendizaje de la alumna o el alumno; entrevista con ellos; recopilación de sus trabajos y, en los casos de alumnos con necesidades educativas especiales, la evaluación psicopedagógica.
El expediente que se elabora de cada niño y cada niña al ingresar al nivel preescolar, podrá ser una herramienta de apoyo y orientación para quienes son responsables de su educación, ya que contendrá información fundamental acerca de quiénes son y qué avances tienen.
Es conveniente precisar que cada educadora o grupo de educadoras podrán decidir la forma de organizar los expedientes del grupo y de la escuela. En todo caso se evitará imponer formas específicas; los asesores y las autoridades educativas ofrecerán sugerencias y orientaciones para un mejor manejo de los expedientes personales y de los instrumentos de registro y, sobre todo, para su aprovechamiento.
1. Ficha de inscripción y fotocopia del acta de nacimiento
Estos documentos contienen datos personales del alumno. Es conveniente que en la ficha de inscripción se solicite información relativa a aquellos aspectos de la salud de los niños sobre los que hay que tener especial cuidado, por ejemplo, los casos de alergias y medicamentos prohibidos.

2. Entrevistas con la madre, con el padre o con el tutor del alumno
La entrevista inicial tiene como propósito recoger y aprovechar el saber de cada familia acerca del niño respecto a: cómo es, qué se le dificulta, qué le interesa, cómo se relaciona con los adultos y con otros niños, y respecto a las condiciones en que vive y se desenvuelve, las cuales resultan significativas para comprender sus formas de interactuar con el mundo y tienen significado en el contexto de la tarea escolar.
La entrevista de la educadora con los padres o tutores de los alumnos es también un recurso para la construcción de un vínculo de comprensión y colaboración entre docentes y padres, hecho que contribuye a establecer mayor coherencia en la intervención de los adultos en la educación infantil.
Para realizar la entrevistas es necesario tener en cuenta que el primer encuentro con las madres y los padres de familia es una oportunidad para establecer relaciones cordiales, que permitan la comunicación constante con ellos; es, entonces, muy importante que perciban que la información que aporten será de utilidad en la educación de su hijo. La confianza que logre la educadora en este encuentro será fundamental para lograr la participación de las familias en el trabajo escolar.
3. Logros y dificultades del alumno
Como parte de la tarea educativa, es necesario que la educadora registre los logros y las dificultades de los alumnos en el desarrollo de las competencias, para lo cual será necesario contar con información “clave”; es decir, no se requiere una descripción pormenorizada, sino señalar situaciones específicas en las que esos logros o dificultades se manifiestan, así como el apoyo que los niños necesitan para avanzar.
Para el registro también conviene centrar la atención en los siguientes rasgos: ¿el alumno se concentra en las actividades?, ¿cómo reacciona ante situaciones difíciles que se le presentan?, ¿en qué momentos solicita ayuda?, ¿explora alternativas?, entre otros.
4. La entrevista al alumno o a la alumna
Además de las opiniones que expresan durante el desarrollo de las actividades, es necesario buscar momentos para escuchar a cada niño o niña con el fin de conocer sus expectativas y necesidades, la percepción que tienen de sí mismos, las oportunidades que tienen en casa y las situaciones que viven como fuente de insatisfacción o angustia, la relación con sus padres y hermanos, etcétera. Si no se dispone de suficiente información acerca de su situación en la escuela, la entrevista también puede abarcar estos aspectos: relación con compañeros, y lo que le gusta o disgusta de las actividades o de la conducción de la maestra.
De la entrevista inicial sobre su vida en la familia puede obtenerse información que indique la existencia de problemas graves que requieren el diálogo inmediato con la madre o el padre o la canalización hacia instituciones que ofrecen atención especializada. Así la escuela ejercería su papel como institución de apoyo al desarrollo sano y equilibrado de los niños.
Para conocer la opinión de los niños es necesario, a través de actitudes y palabras, ganar su confianza, alentarlos, hacerles notar que serán escuchados y tomados en cuenta. Es conveniente plantearles preguntas y darles pistas que les ayuden a expresar sus opiniones, hasta que se logre fluidez en el diálogo; durante éste es necesario prestar atención no sólo a las palabras sino al lenguaje gestual y corporal. No siempre la entrevista se logra en el primer intento; cuando los niños no estén en disposición de expresarse es prudente posponerla para otro momento más adecuado.
Lo ideal es dialogar individualmente en un determinado periodo de tiempo; es posible que de la observación del trabajo se derive la necesidad de prestar atención más frecuente a algunos alumnos, tomar esta decisión implica comenzar a atender las diferencias individuales.
5. Trabajos de los alumnos
Los trabajos que elaboran los alumnos son evidencias valiosas de su aprendizaje. Incorporarlos a un expediente personal permite observar los avances que su autor manifiesta en su desarrollo a lo largo del ciclo escolar; conviene incluir evidencias que refieran al trabajo en distintos campos formativos. En cada trabajo deben anotarse datos de identificación (nombre, fecha de realización) y un comentario breve de las circunstancias en que se realizaron o de los progresos alcanzados por el alumno.
6. Evaluación psicopedagógica
La evaluación psicopedagógica se realiza a los menores con necesidades educativas especiales de manera interdisciplinaria, con la participación de la educadora, el personal de educación especial y los padres de familia o tutores. En estos casos, al expediente personal del niño se integrarán las valoraciones y evaluaciones que hace el personal especializado y de apoyo de los capep, usaer, cam (u otros centros equivalentes) que apoyan la educación regular. La aplicación de pruebas formales y estandarizadas será realizada, exclusivamente, por parte de personal de las áreas especializadas de los centros de apoyo a la educación regular.
Al expediente de estos niños pueden incluirse informes médicos y cualquier otro documento que los profesionales involucrados consideren pertinente.
Además de la evaluación regular de las competencias de los campos formativos y de la evaluación psicopedagógica, la atención a estos pequeños requiere también considerar especialmente cómo influyen en sus procesos de desarrollo y aprendizaje los siguientes aspectos: el contexto del aula y la escuela, el contexto social y familiar, sus intereses y motivación para aprender.
En los casos en que no se cuente con personal especializado de los capep, usaer o cam, el Consejo Técnico Consultivo de cada plantel determinará las características de una evaluación general que permita conocer las capacidades del alumno, para lo cual es necesario apoyarse en información especializada de las instituciones que lo hayan tratado y en aquélla proporcionada por los padres de familia. La finalidad de esta evaluación es definir estrategias adecuadas para su atención.





Evaluación de niños en edad preescolar

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Zac, de cuatro años, estaba sentado en una silla a 3 metros de la Sra. Lundy, su maestra de estudiantes con discapacidad visual (TVI). Cuando ella le mostraba una tarjeta con una figura, el niño señalaba la imagen correspondiente en un rompecabezas que tenía frente a él. Gradualmente, la maestra iba disminuyendo el tamaño de las tarjetas que le iba presentando. Con la información de este test, la Sra. Lundy pudo determinar la visión de lejos de Zac (conocida como agudeza visual). Esta fue una de varias actividades que ella realizó con el niño durante un período de dos semanas en las que recogió información para una evaluación de la visión funcional que estaba completando, antes de la próxima reunión del equipo de su Programa Educativo Individualizado (IEP.
Mientras la TVI observa escribir a este niño preescolar, recoge información acerca de cómo usa la vista cuando copia su nombre de un papel que la maestra de la clase le dio. Esta observación, junto con otras, se agrega a los datos obtenidos para la evaluación, tanto de la visión funcional como de los medios de aprendizaje.
La evaluación—o sea la realización de tests para averiguar los puntos fuertes de tu hijo y sus necesidades—van a ser importantes para él durante toda su educación. Como preescolar, su equipo educativo va a recoger informaciones que les ayudarán a preparar un plan formal—el IEP—sobre lo que le hace falta aprender como resultado de su discapacidad visual y las mejores maneras de enseñarle. Estas evaluaciones son similares a las que pueden haberse realizado cuando era un bebé o un niño pequeño (Ver Evaluaciones para bebés y niños en edad de caminar), pero como ahora tiene edad suficiente para cooperar con el proceso, como lo hizo Zac con la Sra. Lundy, la maestra de estudiantes discapacitados visuales va a usar probablemente algunas técnicas diferentes. Luego, sobre la base de la información recogida en las evaluaciones, va a hacer recomendaciones específicas sobre las maneras de ayudar a tu hijo a aprender las destrezas que requiere para tener éxito en el preescolar—las destrezas que necesitan todos los niños así como las que son específicas para los que tienen discapacidad visual.
Como siempre, es importante hacer preguntas a cualquier profesional que te pida permiso para evaluar a tu hijo. Averigua el propósito de la evaluación, cómo se va a usar esa información y dónde puedes aprender más sobre el instrumento particular que se aplique (test) y su procedimiento. También vas a necesitar una copia del informe correspondiente, para incluirlo en tus archivos.

Evaluaciones relacionadas con la vista
Hay varios tipos de evaluaciones especializadas específicas para estudiantes con discapacidad visual, que un maestro preparado para trabajar con ellos puede llevar a cabo con tu hijo (ver Una visión general de la evaluación donde encontrarás más detalles acerca de estas y otras valoraciones específicas):
Evaluaciones de la visión funcional—Las evaluaciones de la visión funcional son la piedra angular de las evaluaciones que hacen los maestros de estudiantes con discapacidad visual. Se realizan para averiguar cómo usa la vista para tareas de cerca (a menos de 40 cm), para distancias intermedias (de 40 a 90 cm) y para las de lejos (mayores de 90 cm). Se combinan tests formales, como el de agudeza visual que se aplicó a Zac, con actividades informales que el maestro especializado diseña para poder observar a tu hijo cuando usa la vista. Por ejemplo, se le puede pedir al niño que forme parejas con juguetes según el color, para indicar cuándo puede ver un objeto colocado a su izquierda o a su derecha. Sobre la base de la información que recoja a través de tales actividades, el maestro va a hacer recomendaciones acerca de los modos de ayudar a tu hijo a aprender a usar la vista en forma más eficiente. Entre estas recomendaciones, se incluyen:
cambios en el entorno
materiales que pueden ayudarle
estrategias de instrucción
derivaciones a servicios brindados por otros profesionales
Evaluación de los medios de aprendizaje (LMA)—Esta evaluación implica observar cómo usa los sentidos tu hijo (fundamentalmente la vista, el tacto y el oído) cuando participa en actividades tales como un juego, caminar al aire libre o mirar un libro. El objetivo es determinar la forma en la cual tu niño asimila la mayor parte de la información, lo que se conoce también como "canal sensorial fundamental". El maestro de estudiantes con discapacidad visual puede usar estos datos para hacer recomendaciones acerca de la forma en que tu hijo va a comenzar a aprender a leer y escribir: en letra común, braille o ambas al mismo tiempo. El maestro también va a aconsejar acerca de los tipos de instrumentos de alfabetización (ver Cómo leen y escriben los estudiantes con baja visión y Cómo leen y escriben los estudiantes que son ciegos) o tecnología de apoyo que puede ayudarle a tu niño con las tareas que implican visión de cerca, por ejemplo, leer un libro y las de lejos, como ver un video educativo en la escuela. El maestro especializado también va a determinar si tu hijo parece preparado para empezar con la enseñanza formal de lectura y escritura o si, a estas alturas, todavía necesita tener más contacto con actividades de prealfabetización antes de pasar a esa etapa.
Otras evaluaciones
Evaluaciones del desarrollo—El equipo educativo de tu hijo va a continuar realizando evaluaciones que ayuden a recoger información acerca del desarrollo de tu hijo. Ellos comparan su conducta con las pautas de desarrollo que indican cuándo se espera que un niño haga una tarea específica, como utilizar correctamente los pronombres (por ejemplo: "él", "ella" o "ellos"), ignorar o reconocer su nombre en un grupo en letra común o en braille. Los profesionales los usan para hacer un seguimiento del desarrollo de tu niño durante un cierto tiempo y comparar su progreso desde la administración de un test hasta la siguiente. Cuando se consideran los resultados de cualquier evaluación de desarrollo, es importante recordar que sólo proporcionan orientaciones para una gama de evolución típica, y no reglas absolutas, y que la forma en que progresa cada criatura es distinta.
El maestro especializado tal vez observe a tu hijo y complete una lista de control de las destrezas que se esperan de un niño de esa edad. Probablemente hable contigo para pedirte alguna información acerca de su conducta, especialmente, en cuanto a destrezas que probablemente no pueda observar en la escuela, como bañarse sin ayuda o pedir la comida en un restaurante. Tales evaluaciones se han desarrollado específicamente para niños con discapacidad visual y pueden ayudar al maestro especial a reunir datos útiles para guiar la enseñanza de tu hijo. Sin embargo, como estas evaluaciones no están todas orientadas al desarrollo de niños con discapacidad visual, que a veces puede ser diferente del de los que tienen una visión típica, es importante que cualquier persona que las esté llevando a cabo o haga la interpretación de los tests del desarrollo de tu hijo, tenga experiencia en el trabajo con este grupo o si no, consulte con un maestro especializado.
Observaciones y listas de control—Cuando se reúne información acerca de tu hijo, es bueno que el maestro de estudiantes con discapacidad visual haga más de un tipo de evaluación. Observarlo en diversas actividades es usualmente un componente clave de todos los estudios, de modo que se logren datos para la evaluación de la visión funcional, la de los medios de aprendizaje y del desarrollo, todo al mismo tiempo. O, tal vez, el maestro puede tomar notas de lo que observa para analizarlas después. Existen diversas listas de control para guiar sus observaciones, por ejemplo, hay algunas que ayudan a calcular su conocimiento acerca del uso de una máquina de escribir en sistema braille, sus destrezas de interacción social o para comer.

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